sábado, 19 de diciembre de 2020

Apuntes de un lector de bolsilibros III

Biblioteca de chicas 148

Escrita por Rafael Azcona, bajo el seudónimo de Jack O'Relly (seudónimo que utilizó al principio de su carrera para firmar sus novelas y relatos románticos), «La hora del corazón» es una obra muy interesante y disfrutable, a pesar de su final empapado en religiosidad.
Sobre todo, llama la atención, al empezar la lectura, que uno de los protagonistas (y el narrador de la historia) sea el mismísimo Jack O'Relly, que se nos presenta como un guionista de cine americano, de viaje a España para rodar una película...
Quién se imaginaría encontrar a un narrador homodiegético en una novela rosa de finales de la década de 1950, ¿ verdad ?
Durante su estancia en Madrid, a Jack le acompaña Roy Carter, un galán sin escrúpulos por quien llegará el drama y la vergüenza...
Publicada un año antes de la salida en los cines de la adaptación por Marco Ferreri de «El pisito», esta centésima cuadragésima octava entrega de la colección «Biblioteca de chicas» propone un retrato nada reluciente de las estrellas de Hollywood y de su lujoso y despreocupado modo de vida.
Al contrario, a través del personaje de Luís, el autor exalta a la gente humilde, que quiere vivir tomando sus responsabilidades :
«Yo creo que la única manera de vivir en paz consiste en estar en paz uno consigo mismo. Y para eso, basta con sentirse bajo una responsabilidad insoslayable. Si uno se sabe responsable de sus actos, sus actos no pueden ser nunca malos... Por tanto, no se sentirá ni inquieto, ni insatisfecho, ni siquiera preocupado. Vivirá dentro de esa sosegada tranquilidad que es lo más parecido que hay en la realidad a esa entelequia llamada felicidad.»
Una filosofía que, por cierto, todos esos pendejos dañinos de políticos no podrán nunca entender...
Otra cosa que hace pasar las páginas con agrado es el estilo cuidado, con un toque poético, de Azcona.
Da realmente gusto leer una pluma tan atildada sin que por eso pierda su aparente sencillez...
Y por esta razón es doblemente deplorable que el final sea tan santurrón.


¡ Otra vez muchísimas gracias al compañero Rualrevit por su ayuda !

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