sábado, 19 de diciembre de 2020

Apuntes de un lector de bolsilibros II

Héroes del espacio 218

Quizá las novelas de Joseph Berna son, con las chicas pechugonas y las películas de Jesús Franco, mis más grandes debilidades. Por eso, esta obra es la centésima trigésima séptima que leo del autor (de las cuatrocientas y pico que escribió por el momento). Y por eso, creo tener un cuadro bastante representativo de su obra para poder arriesgarme a emitir algunas consideraciones generales respecto a la misma...
No conozco precisamente los gustos musicales del amigo Berna, pero para mí es un poco el jazzman de los bolsilibristas. En el sentido que hay bastante historias suyas que son «variaciones» de otras más antiguas. Ya sé, me dirás que eso es más que natural con el ritmo laboral al cual los bolsilibristas eran sometidos y no es nada exclusivo de Berna. Tal vez... Pero no me parece lo mismo reutilizar algunos elementos de una novela a otra y, como él, seguir un esquema parecido para obtener otro resultado.
Por ejemplo, compare «La pelirroja de Cheyenne» y «La chica de Abilene», «La dama y el leñador» y «La rubia y el trampero», «El mayor diamante del universo» y «El planeta de los cíclopes», «Lluvia diabólica» y «Lluvia roja»... Para mí, eso se parece más a lo que hacía Carl Barks en sus historietas o, precisamente, a lo que hacen los jazzmen, improvisando al rededor de un tema, ofreciéndonos infinitas variaciones de un mismo estándar, que las reiteraciones habituales en la novela popular...
Así, este «Misterio en la estación WZ-2000» prefigura bastante la sucesiva y excepcional «Dunas vivientes». Como esta última, pertenece al subgénero de la ciencia ficción terrorífica y, además, es igual de bien, con escenas verdaderamente espeluznantes.
Lo único que no me gustó realmente es la mala costumbre del autor, en sus narraciones corales, quizá por rellenar espacio, de citar siempre todos los nombres de los protagonistas involucrados en la acción. Después de un par de veces, la cosa se hace bastante tediosa, la verdad...
Sino, otra novela muy recomendable.

2 comentarios:

  1. Esa costumbre de Berna ya la había notado, y hace pesada la prosa, ¿por qué lo haría? Quizás para asegurarse que el lector siempre tuviera claro donde estaba cada personaje. Algo así como… Roberto, María, Carlos y el robot subieron a la nave. Roberto, María, Carlos y el robot bajaron al planeta.
    No sea cosa que el lector llegue al capítulo 8 y resulte que los personajes que creía que estaban presentes están en otro lado. Como recurso es super pesado de leer, pero supongo que lo haría así para asegurarse que todo quede claro. Mañas de los escritores de bolsilibros, a mí lo que me molesta cuando leo son la catarata de adjetivos de Garland, algo así: Tomo la fría pala de metal azul y lo golpeo en su blanca y dura cabeza deforme.
    La ilustración de portada es la misma de “Imperio de codicia” también de Berna.

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    1. Ja ja ja, amigo Herik, acabas de ponerte en contra todos los fanáticos de la página FB, con tu comentario negativo sobre el estilo "muy por encima de la media" del maestro Garland...
      En cuanto a la portada, sí, es la mismísima, pero con los tonos mucho más saturados. Me gusta esta ilustración, sencilla pero con una composición equilibrada que la hace muy efectiva. Es casi un placer encontrarla otra vez, jejeje
      Muchas gracias por comentar. Espero que mis apuntes te gustan. ¡ Abrazos !

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